El foco deslumbraba sus ojos al relucir sobre la calva del paciente, pero por mucho que lo observaba, no conseguía concebir la causa de aquella barbaridad. ¿Cómo demonios se lo habría hecho? "Extrahematoma supracutáneo con derrame sintomático nasal". Y la contestación: "Me ha caído por la escalera". "Coño, caballero, parece que haya metido la cabeza en una lavadora llena de piedras". El calvo le miró con desprecio, y no se molestó en repetir su explicación. Haría falta un potro de tortura y brasas ardientes para lograr una verdad más convincente. "¿Cuantos escalones tiene su casa, caballero?" "Nadie le ha dicho que fuera mi casa". Aunque esperó a que añadiera algo, no lo hizo. Ahora parecía aburrido, sólo esperaba el diagnóstico y la receta. Decidió que era imposible sacarla la causa de su accidente, y firmó el alta. "Úntese la cabeza con esta crema y métase algodones en la nariz si le empieza a sangrar. Y tenga más cuidado". Cuando le vio marcharse, aliviado, no le dio importancia  a las alas de cigüeña implantadas en su espalda. Aquel no era asunto suyo.

 

 

 

   - Golpes en la cara y en la espalda. Fuertes contusiones en los brazos y piernas y enormes hematomas, extrahematomas, diría yo, en la parte posterior de los muslos y en las nalgas. Un ojo hinchado y la pérdida de dos dientes. ¿Y dice usted que eso se lo hizo usted sola al caerse en la bañera?
    La mujer miró hacia atrás. Su marido la observaba tras la barandilla.
- Sí, señor policía.
    El sargento suspiró y archivó el expediente.

  

  Cuando la nave partió, estábamos todos muy contentos. Era nuestro primer viaje fuera de la tierra. Algunos estábamos también nerviosos. No obstante, algo dentro nos decía que no volveríamos más. A mí aquella sensación me gustaba, es más, elegí mi profesión para no estar atado a nada y poder así conocer otros mundos. Cuando llegamos a nuestro supuesto destino, la nave cayó golpeándose fuertemente contra algo. El comandante quedó aturdido durante unos minutos que a todos nos parecieron horas. Conseguimos espabilarlo y al no ver nada a través de las ventanas nos decidimos a salir de allí cuanto antes. Las cámaras estaban estropeadas, así que no podíamos saber a lo que nos enfrentábamos. Salimos de uno en uno. Yo era el tercero y último. Al pisar el suelo descubrimos que en aquel lugar también había gravedad, parecida o igual a la de la Tierra. Bajo nuestros pies, la superficie se hundía, era algo así como una colchoneta... y a lo lejos vimos una montaña oscura, poblada de vegetación negra... bajo ella había un valle de color azul intenso y parecían distinguirse una hilera de lagos rojos exactamente iguales y perfectamente circulares, en cada uno de ellos había cuatro agujeros del color del valle... podrían ser montículos, isletas o algo así...De pronto comenzamos a oír un intenso ruido, y un viento extremadamente fuerte nos arrojó ladera abajo. La nave cayó más tarde y casi nos aplasta. Entonces el terreno por el que habíamos estado caminando comenzó a moverse y de pronto algo se alzó, inmenso, ante nosotros... Éramos nosotros, nuestros cuerpos a escala mayor. Éramos gigantes y sin embargo estábamos allí, debajo de nosotros mismos. Nadie podía hablar... El gigante en el que había aterrizado la nave era el comandante y en su pecho quedaba dibujado el perímetro de la nave creando un extrahematoma del cual se quejaba. La voz era estruendosa y no podía entenderse lo que decía. No hemos logrado salir de aquí y nadie ha venido a buscarnos... Tal vez estemos dentro de nosotros mismos, tal vez estamos fuera... o tal vez estamos muertos y no lo sabemos.