Avehículo: Un medio de transporte que usan los vagos para estarse quietos.

    Escuché una vez la historia de un hombre tan sumamente vago que había transformado su dormitorio en una réplica a escala de su casa. Tenía la cama, claro está, pero también un retrete, una ducha para el aseo y un hornillo para cocinar. Era tan vago que ni siquiera se levantaba para usarlos, y terminó muriendo allí, tendido en la cama, cubierto de suciedad y excrementos, sucumbiendo a la inanición por no hacer el esfuerzo de levantarse a preparar la comida. Su vagancia era tal que se excusaba ante los que venían a verle diciendo que si no salía de su cuarto era porque su avehículo (un imaginario sistema de transporte que no le llevaba a ningún sitio) se había quedado sin combustible.

 

 

    Monté en el carro que me llevaría a mi destino. Llevaba ahorrando mucho tiempo para aquel viaje. Cuando me acomodé en el asiento de atrás le dije al taxista que me llevase al aeropuerto. "Muy bien" me dijo "Allá vamos". Arrancó aquel utilitario y de repente todo lo que alcanzaba con mi vista comenzó a correr hacia delante a toda velocidad, mientras nosotros observábamos. No éramos nosotros quienes nos desplazábamos, sino la ciudad. Al principio me resultó extraño y me sobresalté. Después observé al hombre que me miró con normalidad.Creí estar dentro de un sueño, pero no. ¡La urbe se desplazaba con todas sus gentes! Y yo permanecía inmóvil. De pronto, todo comenzó a ralentizarse, y llegué no al aeropuerto, sino al lugar del que hacía muchos años había partido, mi aldea natal. Allí, en la puerta de mi casa, donde yo nací, se detuvo todo. "Ya hemos llegado" dijo el taxista. No dije nada, de pronto me invadió una sensación extraña... Tal vez tenía razón el hombre que conducía aquel avehículo extraño. Había llegado a mi destino. No volví a partir.